Este pilar es el que con más facilidad se descarta como poco relevante y el que más tiempo y energía consume a la familia cuando no funciona bien. Un hogar mal gestionado no aparece en el informe de la cartera. Aparece en la agenda del titular, en el estrés familiar y, cuando se produce una brecha, en lugares mucho peores.
Un hogar es una empresa operativa
Cuando una familia gestiona varias residencias, numerosos empleados y una exposición relevante a riesgos de seguridad, el hogar es, desde el punto de vista operativo, una pequeña empresa. Tiene empleados, proveedores, proyectos de inversión, obligaciones recurrentes, declaraciones regulatorias y riesgos. La cuestión es si se gestiona como tal —con funciones definidas, autoridad clara, presupuestos y trazabilidad— o si se mantiene unido gracias a la lealtad de unos pocos empleados veteranos y a la atención personal del titular.
Ayudamos a trasladar el hogar al primer modelo sin darle una sensación corporativa. Se mantiene la discreción, se conserva la lealtad y se añade debajo la disciplina operativa.